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"Sugerencias
a los padres de niños sordos"
por Liliana Mora
La educación de su niño
sordo, como la de todos los niños, comienza
al nacer, y puede ser llevada a cabo si los papás
le dedican tiempo, le tienen paciencia y buscan la
forma de entenderlo y ser entendidos, utilizando cualquier
modo efectivo de comunicación con él.
Cada niño es diferente y sus intereses varían,
pero hay una necesidad que es igual para todos: “la
aceptación”, porque será la base
de su felicidad. El amor sincero demostrado por los
padres es una poderosa fuerza que establecerá
seguridad. El clima emocional que ustedes promuevan
incidirá estimulando u obstaculizando el aprendizaje.
Es importante crear una atmósfera tibia y amigable.
Déjenlo saber que ustedes reconocen sus esfuerzos.
Todos los niños necesitan del éxito.
Disfruten a su hijo y acérquense a él
con afecto, calma y comprensión.
Den a su niño responsabilidades dentro de los
límites en los que pueda cumplirlas. Eso le
ayudará a madurar y a probarse que él
puede.
A medida que se desarrolle, enséñenle
a buscar sus propios objetivos personales. Todos los
miembros de la familia necesitan compartir los beneficios
y obligaciones de la casa. Es importante que el niño
sordo esté informado de los acontecimientos
de la familia, al ser incluido en las conversaciones
y participar en lo que acontece le dará sentido
de pertenencia.
La sobreprotección y la sobreindulgencia privarán
al niño de crecer hacia la independencia y
la autoconfianza. Sus actividades deben ser las mismas
que las de los niños oyentes, adecuándolas
a sus posibilidades, en caso de ser necesario. Nadie
mejor que los papás para darse cuenta de dónde
están los límites de lo posible. Eviten
las diferencias y el rechazo, estos comportamientos
lesionan la seguridad del niño y le hacen sentir
que no es amado ni valorado.
Todos los niños deben saber que en la vida
se requiere cumplir con ciertas normas establecidas.
El juicio sabio y efectivo por parte de los padres
ayudará al niño a actuar en forma apropiada.
Ignorar reglas de comportamiento sólo porque
el niño es sordo no es justo para él,
para su familia ni para la sociedad. Las medidas correctivas
deben ser aplicadas siempre con coherencia y sin vehemencia.
Formas inexitables y hasta simpáticas son las
claves muchas veces del éxito en ese sentido.
Los castigos corporales deben ser erradicados del
seno familiar. Hay papás que pegan y hostigan
demasiado al niño sordo. La paliza embrutece,
frustra, desanima siempre, pero más aún
al niño que no oye, quien debido a su falta
de expresión verbal o incapacidad de interpretar
una situación, muchas veces reacciona inadecuadamente.
Berrinches, pataleos y terquedad excesivos significan
que algo no anda del todo bien en este niño.
No se dejen llevar por los “consejos”
de aquellos que no tienen las soluciones para la problemática
de su niño, ni desde el conocimiento, ni desde
el afecto. Recurran, de ser necesario, a profesionales
o instituciones idóneas que seguramente sabrán
orientarlos.
Los niños sordos son por demás sensibles
y sus sentimientos pueden ser heridos fácilmente.
Los padres deberán actuar y desarrollar a la
vez, en el niño que no oye, el sentido del
humor, porque de este modo harán su vida más
placentera y menos traumática en un ambiente
distendido.
Comuníquense siempre con su hijo sordo. No
importa cómo: oralmente, manualmente o corporalmente.
Si son receptivos encontrarán la manera de
comunicarse con él. Los niños sordos
sienten muchas cosas pero no tienen o no encuentran
las palabras para decirles lo que piensan. Ustedes
tienen que ayudarlos a encontrar esas palabras o la
forma de expresarlas. Comunicarse lleva tiempo y paciencia
de ambas partes, pero lograrlo es vencer el mayor
de los impedimentos que el niño sordo puede
tener.
Dispongan de un tiempo para estar juntos. El niño
necesita saber que habrá un tiempo especial
para compartir con ustedes, tal vez antes de irse
a la cama. Es gratificante que pueda contarles lo
que hizo durante el día y que también
ustedes le cuenten qué hicieron. Al niño
sordo le encanta que le hablen o le relaten un cuento,
aun no entendiendo todo lo que le dicen.
Nunca teman abrazar a los niños sordos, ellos
necesitan imperiosamente el contacto físico;
ya que no pueden escuchar los matices de sus voces.
El abrazo y las caricias son la mejor forma de transmitirles
lo que sienten ustedes por él.
Las expresiones faciales para el niño sordo
tienen valor de significado, porque la cara deja traslucir
los estados de ánimo. Por eso, él observa
permanentemente el rostro, porque las expresiones
le indican el enojo, la alegría, la tristeza,
la aprobación o no, el hastío, el desconcierto,
etc. Por ese motivo, es importante no exagerar innecesariamente
las expresiones de los ojos, el ceño y la boca,
pero tampoco dejar el rostro sin expresividad, ya
que de la forma que se utilice dependerá que
el chico reconozca los diferentes matices y el sentido
de lo que estamos transmitiendo, principalmente en
las preguntas, dudas, afirmaciones y negaciones.
Es muy importante para el niño sordo tener
un hobby o interés especial en alguna cosa
o actividad, porque de este modo se estimula el aprendizaje
a través de la motivación personal.
Coleccionar figuritas o autitos, armar juguetes o
rompecabezas, etc., aparece de pronto como una ayuda
interesante para evitar el aburrimiento.
Los padres están usualmente inquietos y temerosos
frente a su niño sordo. No hay nada más
paralizante que la ignorancia, por eso, aprendan acerca
de la sordera. Concurran a clubes y asociaciones de
sordos, tomen contacto con sordos adultos, conozcan
cómo viven, disfrutan, interactúan y
se relacionan. Este conocimiento les permitirá
realizar una proyección en el futuro de su
niño, a la vez que les brindará a ustedes
los elementos para un mejor entendimiento con él.
El entrenamiento en el habla es un proceso de veinticuatro
horas que no tiene fin y forma parte de la vida, no
sólo del niño sordo sino de todo su
grupo familiar. ¿Cómo hacer para que
esta tarea, muchas veces árida y agotadora,
no se transforme en una pesada carga que provoque
situaciones de agobio y tensión?
Basándonos en el convencimiento de que los
niños sordos serán capaces de desarrollar
habilidades lingüísticas, si se les da
la posibilidad de interactuar libremente con todas
las personas de su alrededor y, además, si
se les provee de un sistema de símbolos que
puedan usar libremente para comunicarse y para experimentar
el lenguaje en una atmósfera que favorezca
la libre y natural expresión propia y la total
participación de todas las personas involucradas;
los niños sordos, a través de la interacción,
experimentación, ensayo y error, no solamente
se comunicarán sino que se enriquecerán.
Los padres no son los maestros de lengua de sus hijos,
para esto están los especialistas, permítanse
entonces disfrutar de ese niño en una relación
de entendimiento y confianza en todas las etapas de
su desarrollo. No interesa en qué forma lo
hagan, con palabras, con gestos, dibujos o como sea,
no podemos esperar que el niño sordo posponga
su comunicación hasta la edad escolar.
Muchas veces encontramos jóvenes sordos que
a pesar de haber crecido dentro de un hogar, no tienen
un verdadero sentido de identidad, ya que la identidad
propia se mide en términos del rol desempeñado
entre las personas del entorno inmediato. Por todo
lo dicho… “No dejen al niño sordo
solo en su desarrollo, esto equivale a abandonarlo
a la deriva, en un mar de elecciones inciertas.”
Para finalizar, me gustaría citarles un párrafo
del libro Una voz para el silencio, de Felix Jesús
de Pinedo Peydro, quien a partir de su experiencia
como adulto sordo se convierte en portavoz de una
manera de vivir y de sentir.
“Yo mismo, jamás me he sentido víctima
de mi sordera. Soy consciente de cuanto me pierdo,
las voces queridas que nunca oiré, las partituras
de música que nunca ni llego a soñar,
los miles de sonidos agradables que nunca percibiré…
pero casi me siento orgulloso de mi sordera. Hay en
ella una misión que vale una vida (cosa de
la que no muchas personas pueden presumir) y cada
nuevo día es un reto. Soy parte de un mundo
normal, sin oír absolutamente nada, tengo que
lograr valerme por mí mismo, no desentonar
y demostrar todo aquello que me sé, soberbiamente,
orgullosamente, capaz.”.
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