Durante muchos años el
aprendizaje de las señas y su implementación
en el ámbito escolar y familiar ha sido, y
lo es en amplios sectores, considerado perjudicial
para la adquisición y desarrollo del lenguaje
oral y, por ende, no favorecedor para la integración
del sordo al mundo del oyente.
Las razones que condujeron a descartar su utilización
en todo el proceso educativo del niño sordo
profundo durante más de un siglo fueron mencionadas
en reiteradas oportunidades, pero diremos que fundamentalmente
se debe al temor de maestros y padres por le supuesto
peligro que su conocimiento y uso ocasiona en la oralización.
El miedo a que los niños utilicen esta forma
de expresión, más sencilla para ellos,
abandonando la práctica del lenguaje hablado
por ser de más difícil adquisición,
fue y sigue siendo la razón de más peso
que limita la inclusión de la Lengua de Señas
en la escuela y el hogar.
No obstante esta concepción, los resultados
obtenidos con una forma de abordaje única basada
en el oralismo no fueron satisfactorios en la mayoría
de los casos, llevándonos a muchos de nosotros
a replantearnos esta situación y a buscar otros
caminos, que sin dejar de lado la oralización
pudieran acelerar el desarrollo comunicativo y mejorar
el nivel cognoscitivo, lingüístico, social
y emocional del niño sordo.
Un estudio realizado por Tervoort (1983) sobre 20
países europeos refleja esta misma tendencia.
“no hay un cambio en otra dirección por
toda Europa...”.
¿Qué hacer?. Es la pregunta cotidiana
frente a estos niños que durante muchos años
han recibido una educación especializada, dedicada
a la enseñanza del lenguaje oral y escrito,
siendo justamente allí donde se observan las
mayores dificultades a pesar del esfuerzo realizado,
tanto de parte del maestro como del alumno.
Este hándicap negativo nos deberá conducir
indefectiblemente a la reflexión y a la acción
buscando y ampliando nuevas estrategias con las que
obtendremos mayores logros que nos permitan mejores
resultados, porque la escuela tiene una gran responsabilidad
en cuanto al éxito o al fracaso del proceso
educativo, ya que una acción educativa insuficiente
está privando a la persona sorda de las responsabilidad
de realizarse en todos los niveles de la vida.
Ahora bien, si lo que garantiza el acceso al lenguaje
es la creatividad, la innovación, el descubrimiento,
la duda, el replanteo, la búsqueda de soluciones,
etc., ¿cómo es esto de obtener lenguaje
sin utilizar lenguaje?.
Por este motivo es fundamental que el maestro disponga
de un código efectivo de comunicación
con el alumno, para que éste en la interacción
y en todas las situaciones genera lenguaje a través
de la experiencia y que pueda utilizar espontáneamente
términos y expresiones que le permitan manifestar
lo que quiere y siente, y no limitarlo a un reducido
número de palabras sueltas, repetidas automáticamente.
En definitiva hablamos de que pueda interiorizar al
lenguaje para permitirle pasar de la sensación
al sentido y elevarse de un mundo perceptivo a un
mundo conceptual.
“Los vocabularios ocupaban un lugar de excepción
y reflejaban ese interés en la exigencia con
que se nos solicitaba su memorización.
Así las palabras lenta y penosamente pronunciadas,
y sin tener la menor idea de lo que significaban,
eran repetidas una y otra vez por cada uno de nosotros.
No había tiempo en verdad para más,
pues al enseñarse todo oralmente y al tener
que memorizarse, suponía cada palabra una agonía.
¡Qué pena que nadie hubiera sido tan
flexible e innovador como para conceder a las señas
la posibilidad de hacernos comprensible siquiera lo
que aprendíamos, y no digamos lo que ignorábamos!.
¡Qué fácil hubiera sido!”
(Félix Jesús Pinedo Peydró, Presidente
de la confederación de Sordos de España).
Vygotsky nunca olvida la relación de la inteligencia
con el afecto y que toda comunicación, todo
pensamiento, es también emotivo y refleja los
intereses y necesidades personales del sujeto.
La simple transmisión de conocimientos y la
técnica de la repetición no bastan,
se deberán incluir, además, la participación
activa en la conquista de sus conocimientos y una
permanente y efectiva comunicación entre él
y sus compañeros, entre él y sus padres,
entre él y sus maestros, es decir “entender
y ser entendido”.
Sabemos que a pesar de las prohibiciones de las que
el sordo fue objeto, éste siguió usando
sus manos para comunicarse, dentro y fuera de las
escuelas, y que también los niños sordos
hijos de padres sordos, que dominan perfectamente
las señas, resultan ser los más orales.
Entonces, por el contrario de lo que algunos piensan,
el uso de las señas acelera y facilita el aprendizaje
y es más, el niño sordo siente placer
y felicidad por aprender porque está haciendo
uso de algo que le es propio, que él entiende
y que le resulta fácil y natural.
“La lengua de señas que utilizamos entre
nosotros resulta singularmente apta para precisar
las ideas y para ampliar la capacidad de comprensión,
pues se crea con ella un hábito de observación
y análisis constantes. Es una lengua viva que
refleja el sentimiento y estimula la imaginación.
No hay lengua más propia para transmitir las
emociones grandes en intensas” (Pierre Desloges,
sordo).
Al decir que debe fomentarse en el niño sordo
el uso de la lengua de señas, no hablamos simplemente
de tolerarla. Decimos que debe tener un especialísimo
lugar en la escuela para que los alumnos aprendan
a hacer las señas correctamente, con claridad
y alegría, y en el hogar para que puedan compartir
con los padres y hermanos una comunicación
fluida y gratificante.
Es importante estimular en ellos el orgullo por el
manejo adecuado de su lengua de señas al igual
que preocuparnos en enseñarles el correcto
empleo del idioma español (sistemas bilingües).
De ahí que es fundamental la inclusión,
en las escuelas especializadas, de adultos sordos
con bueno dominio de la lengua de señas para
que este idioma pueda ser transmitido con precisión
y, más aún, darle la importancia que
merece.
Pero: ¿encontrarán los sordos las oportunidades
que buscan?. ¿Permitiremos los oyentes que
tengan esas oportunidades?. ¿Les permitiremos
ser “ellos”, una cultura única
en nuestro medio?. ¿Los admitiremos como co-iguales
en la práctica en todos los campos?. Sólo
el tiempo demostrará si hay un verdadero “cambio
de conciencia”.
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