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"Tendencias
Actuales"
por Liliana Mora Después
de muchísimos años y de innumerables controversias,
la mayoría de los profesionales que se relacionan
con personas sordas, valoran y consideran a la Lengua
de Señas Argentina como la lengua natural de
esa comunidad en nuestro país.
Actualmente, las investigaciones desde la lingüística
confirman que es una verdadera lengua y que, aplicada
desde la los primeros años de vida de un niño,
favorece el desarrollo de estructuras neurológicas
y procesos básicos del lenguaje.
“La comunicación manual desde edades tempranas
puede aumentar el potencial para la utilización
posterior del lenguaje oral por haberse proporcionado
un adecuado desarrollo neurológico en las etapas
críticas” (Meadow, K.).
Mientras que los niños oyentes no tienen problemas
en sus interacciones con pares e iguales para apropiarse
del lenguaje, los niños sordos tienen una enorme
barrera que restringe su comunicación y limita
la adquisición del lenguaje oral, especialmente
en las edades preescolares. Si comparamos el nivel lingüístico
de un niño oyente de cuatro o cinco años
y un niño sordo profundo de la misma edad, vemos
que el primero es capaz de inventar una narración
completa, mientras que el segundo, en el mejor de los
casos, puede llegar a conocer alrededor de 30 palabras.
Como vemos, el retraso del niño sordo es tan
importante, que es una obligación tratar de proporcionarle
un código lingüístico adecuado y
de fácil adquisición. Este código
lingüístico debe ser “…un medio
válido de comunicación, de enriquecimiento
en la interacción, un vehículo de transmisión
y recepción de información, un soporte
para su pensamiento y un sistema para planificar su
actividad y controlar su conducta.” (Marchesi,
A.)
Desde nuestro punto de vista, el único código
lingüístico capaz de cumplir cabalmente
estas funciones en el niño sordo profundo, al
menos durante sus primeros años es la lengua
de señas, pero pensamos que no basta sólo
con reconocerla y valorizarla, sino que debemos buscar
la forma más beneficiosa de utilizarla dentro
del ámbito educativo y con fines pedagógicos.
Tendencias Actuales:
“Tanto los investigadores como
la UNESCO ya desde la década del ’50, destacaron
la importancia de la alfabetización del niño
a partir de su lengua natural, requisito sine qua non
para futuros aprendizajes” (Massone, M.I., 1990).
En nuestros país hasta hace muy poco sólo
se consideró el método oral como abordaje
educativo. Pero ante la imposibilidad de llevarlo a
la práctica con éxito en muchos casos,
investigadores intercambiamos información con
otros países y empezamos a interesarnos en las
metodologías combinadas como caminos factibles
y practicables en la educación del niño
sordo.
¿Cuál elegir?
En un mundo ideal se podría exigir
que se determinara cuál es la mejor, pero es
necesario resignarse: no existe una que pueda calificarse
categóricamente como la mejor porque no hay evaluaciones
y comparaciones para fundar dicha elección, como
tampoco hay un sordo patrón destinatario de una
única metodología. Sólo hay niños
que oyen más o menos, a quienes se les a detectado
la sordera más o menos pronto, mejor o peor equipados,
mejor o peor ayudados a percibir y producir sonidos,
cuyos padres se interesan más o menos por el
problema y que están más o menos capacitados
para participar de una acción educativa.
Lo fundamental es idear proyectos educativos que tengan
coherencia con lo que cada institución necesita
y siente que debe ser. Es un compromiso moral y ético
de todos los profesionales que conforman cada servicio
conocer las características y posibilidades de
cada alumno y con sentido común, solvencia en
el marco teórico-práctico de cada abordaje
y sin prejuicios elegir la práctica pedagógica
más adecuada para desarrollar al máximo
las potencialidades de los niños sordos.
Además, es necesario que tanto el organismo técnico
como el personal directivo de las escuelas contemplen
la posibilidad de cambio y favorezcan la puesta en marcha
de experiencias seriamente fundamentadas, supervisando,
asesorando y evaluando los resultados de las mismas.
Esto es importante porque en momentos como este, de
replanteo de posturas educativas donde hay docentes
que adhieren al cambio y otros no, se produce una gran
incertidumbre, frustración, antagonismos, provocando
sólo confusión que angustia a la comunidad
educativa.
La UNESCO, en su presentación anual sobre educación
especial, ofrece una serie de alternativas para tener
en cuenta en el momento de elegir una práctica.
Algunas tienen base en la metodología oralista,
y otras contemplan la utilización de las señas
en opciones combinadas.
A continuación, detallaremos una breve descripción
de las mismas:
Enfoques
unilingües:
Oralismo: Su principal objetivo es oralizar al niño
sordo y que alcance el mayor nivel de competencia en
la lengua española oral y escrita.
No se admite la utilización de la LSA en ningún
contexto ni por parte de los docentes, ni por parte
de los alumnos.
Bimodalismo o comunicación simultánea:
Como su nombre lo indica, el mensaje se presenta de
dos formas al mismo tiempo: se habla respetando la estructura
gramatical del español y se utilizan significantes
de la Lengua de Señas. No es LSA, es un recurso
que suplementa la información dada por la lectura
labial.
Enfoques
bilingües:
Comparten el objetivo de favorecer la adquisición
de la LSA como lengua natural de la comunidad sorda
y fomentar el aprendizaje de la lengua española
oral y escrita. Tiene variantes en la implementación
práctica:
A) El profesor sordo transmite los contenidos en LSA
y el profesor oyente enseña sistemáticamente
la lengua española, sin utilizar señas.
B) El profesor sordo transmite la LSA en diversas situaciones
lingüísticas y el profesor oyente enseña
los contenidos curriculares y la lengua española.
Una opción de esta modalidad admite que el profesor
oyente, como recurso pedagógico para la enseñanza
en el grado, utilice, ya sea el “cueed speach”
y/o la lengua española acompañada de significantes
gestuales pertenecientes a la LSA (Punteo – Bimodalismo
o Simultáneo).
Algunos países han adoptado y
pueden aplicar las propuestas pedagógicas descriptas,
porque cuentan con sordos adultos, hablantes nativos
de la lengua de señas, que además poseen
títulos y formación docente, que los habilita
para transmitir los contenidos curriculares a todas
las áreas por medio de la lengua de señas.
En la Argentina, en este momento, surgen algunos inconvenientes
para llevar a la práctica estas formas de abordaje
porque la mayoría de los sordos argentinos que
son usuarios de la lengua de señas no poseen
título secundario ni docente. Por lo tanto, no
están habilitados para enseñar los contenidos
curriculares, ni tampoco pertenecer al staff educativo.
“… no hay mejor maestro de su propia lengua
de señas que un sordo señante nativo,
es decir, señante fluido.” (Massone, M.I.,
1993)
Seguiremos insistiendo en la posibilidad de que los
sordos puedan ocupar cargos docentes en el sistema educativo
argentino con capacitación para ello.
Para finalizar:
Toda transformación genera
dudas, interrogantes, conflictos y un tiempo de incertidumbre
y maduración para llevarla a la práctica.
Tenemos que descartar la ilusión de cambiar todo
“de la noche a la mañana”, los cambios
en la educación no se producen ni con recetas,
ni con palabras mágicas, ni por milagro. Se necesitan
para lograrlo, preparación personal, criterios
de flexibilidad, consenso, conocimiento de las necesidades
de los alumnos, un gran compromiso y realismo en la
fijación de objetivos y metas y un gran esfuerzo
de toda la comunidad educativa para hacerlo posible,
resignando muchas veces cuestiones personales, para
beneficio de todos.
Hoy la Argentina está atravesando por un proceso
de replanteo global y masivo que afecta íntegramente
a la educación del sordo en todo el país.
La necesidad existe y la demanda es clara:
“… queremos una educación basada
en el respeto al niño sordo, donde la actividad,
la curiosidad y el descubrimiento fomenten la comunicación
y la expresión.
“Una educación respetuosa del niño
sordo y sus necesidades para que pueda ampliar constantemente
la información y el conocimiento a través
de experiencias directas, sin que esto sea necesariamente
un aprendizaje frustrante y tedioso.”
En definitiva, una educación más comprometida
y renovada que nos permita a todos, sordos y oyentes,
disfrutarnos.
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